
Dice Samuel Beckett a propósito de Giambattista Vico, en un trabajo dedicado a la influencia de éste en la cosmovisión y estructura del Finnegans Wake, de James Joyce:
Su (refiriéndose a Vico) tratamiento del origen y funciones de la poesía, del lenguaje y del mito, como luego se verá, está tan alejado de la mística como quepa imaginar. Para lo que aquí nos interesa, sin embargo, poco importa que lo consideremos un místico o un investigador científico. De lo que no cabe duda es de que fue un "innovador". Su división del desarrollo de la sociedad humana en tres períodos: Teocrático, Heroico y Humano (civilizado), con una correspondiente clasificación del lenguaje: jeroglífico (sagrado), metafórico (poético) y filosófico (capaz de abstracción y generalización), no era en absoluto nueva, aunque así debió de parecérselo a sus coetáneos. Tomó esta conveniente clasificación de los egipcios, vía Herodoto. Al mismo tiempo, es imposible negar la originalidad con la que aplicó y desarrolló sus implicaciones.
(Samuel Beckett, Dante... Bruno / Vico... Joyce)
Por su parte, Anthony Burgess, el autor de La naranja mecánica, y gran joyciano, observa en el libro mencionado de Joyce cuatro partes o períodos: Teocracia, Aristocracia, Democracia y Acracia.
Hemos pasado por todos los períodos, podríamos añadir, excepto el de la Acracia. A no ser que la Acracia, mal entendida y aplicada, comenzara ya con el siglo XX.
También nos dice Burgess que hay que leer a Joyce quitándonos la máscara de la solemnidad, la del lector elitista, es decir, leerlo como se lee a Cervantes, a Rabelais, como si leyéramos el Tristram Shandy, de L. Sterne, a quien Joyce cita en más de una ocasión (también en Finnegans Wake, "uno de los libros más divertidos que se haya escrito jamás", nos dice A. Burgess, exagerando un poco, todo hay que decirlo).
El suplente del cronista
































